En la mañana de hoy el Comandante en Jefe del Ejército Nacional dio una entrevista a Radio El Espectador en donde se refirió, entre otros temas, a la situación de los jóvenes que no estudian ni trabajan, y a las posibles acciones que podría aportar para encontrar soluciones al tema.

 

Escuchando a Manini Ríos resuenan algunas reflexiones que me parece clave considerar:

En primer lugar las dificultades que tenemos como sociedad, y en algunos ámbitos en particular, para comprender la situación de los jóvenes uruguayos y especialmente la de aquellos que transitan situaciones de exclusión social. Rápidamente se echa mano a asociaciones tales como que la pobreza conduce a una falta de hábitos y buenas costumbres, que compone ámbitos de marginalidad que tienden a auto reproducirse y que estos suponen un peligro para los valores hegemónicos de la sociedad y en última instancia, para la seguridad de los buenos ciudadanos. Por tanto, para ese discurso, una situación de este tipo requiere de una acción disciplinante que combine la mano firme con la inculcación de buenas costumbres a través del aprendizaje de oficios básicos y hábitos personales (tales como la higiene).

Por otra parte habitualmente, como en este caso, se omite que al menos dos terceras partes de lo que se ha dado en denominar “jóvenes ni-ni” está compuesto por jóvenes que cuentan con alguna formación básica, buscan empleo y no logran encontrarlo, más un conjunto importante de mujeres jóvenes que realizan tareas no remuneradas en sus hogares (básicamente a cargo del cuidado de otras personas, habitualmente sus propios hijos). Por lo tanto el núcleo duro de la situación que le preocupa al comandante en jefe no es necesariamente el de los varones marginalizados, sino el de mujeres jóvenes que son un pilar en la subsistencia de sus hogares, tarea que muchas veces realizan casi en soledad (y a la cual el Sistema Integrados de Cuidados comenzará a atender, y otras políticas sociales y educativas vienen atendiendo ya hace un tiempo).

Una de las caras más duras de la pobreza es la enorme restricción que implica en la capacidad de elegir, y particularmente de elegir cómo formarse y cuándo y en qué tareas incorporarse al mundo laboral. Sin desmerecer, ni dejar de reconocer, la importancia que tienen las instituciones militares en la vida de la sociedad uruguaya (y en particular como ámbito de formación y trabajo de unos cuantos jóvenes) cabe cuestionarse si es esta institución que debe salir a la captación de los jóvenes o si son los sujetos los que deben elegir al ejercito, o a cualquier otra instancia de participación, educación o trabajo. Parece bastante embromado que como sociedad, frente a la renuncia de llegar con oportunidades y propuestas formativas de calidad para todos, le digamos a un conjunto de jóvenes: “para ti solo podemos ofrecerte entrar a una fuerza armada, donde te transmitiremos algunos de nuestros valores y buenas costumbres”.

La construcción de vías sólidas y sustentables de inclusión y cohesión social es una tarea que debe considerar, en primer lugar, que todos los ciudadanos somos iguales en derechos. Y que por tanto se debería combatir y rechazar toda acción que suponga reforzamiento de la desigualdad. Si para algunos ofrecemos calidad educativa y oportunidades de elección mientras que a otros les dejamos como única chance la disciplina y las buenas costumbres erramos el camino. Seguiremos reproduciendo una sociedad desigual, fragmentada y sostenida apenas mediante mecanismos de control y disciplinamiento.