La equidad desafío prioritario.

En estas últimas semanas se ha venido discutiendo fuertemente sobre la coyuntura económica de la región y los condicionamientos que esta le coloca al Uruguay. ¿Cómo evolucionará nuestro tipo de cambio? ¿La inflación alcanzará los dos dígitos? ¿Qué pasará con nuestros principales rubros exportados? ¿Qué restricciones tendrá el gobierno para diseñar su presupuesto y que impactos tendrá el mismo en el manejo del déficit ?


Sin pretender desacreditar todas estas preocupaciones o restar importancia a los problemas que apuntan a controlar creo que tenemos que dejar un margen importante para la mirada del largo plazo. Nuestro destino como país no debería reducirse a la supervivencia en el delicado equilibrio del manejo de los vientos internacionales. En innumerables aspectos debemos trazar nuestra hoja de ruta, tomar con fuerza el timón y orientar las velas en función de proyectos nacionales sustanciales.

Esa visión de futuro implica un fuerte debate político. Esa política que algunos denominan “con mayúsculas”, es decir, aquella que discute los fines primordiales que deberíamos perseguir como nación en las próximas décadas, y que por lo tanto, deben ser ejes que estructuren transversalmente el conjunto de políticas que en cada sector del Estado, llevan adelante las distintas instituciones.

Al pensar en esa clave para muchos de nosotros resulta ineludible pensar en términos de equidad. Esta es una dimensión nodular para discutir aspectos tan centrales como la convivencia y la seguridad, el desarrollo sostenible así como la calidad la democracia basada en la ampliación de ciudadanía.

En perspectiva de comparación global y regional tenemos dos Uruguay bien definidos: el de los promedios agregados y el de los datos cortados por franjas de ingreso. En el primero en general, sin bien el panorama no nos satisface, aparecemos bien posicionados, en el segundo sin embargo nos encontramos entre los peores desempeños.

En perspectiva de comparación global y regional tenemos dos Uruguay bien definidos: el de los promedios agregados y el de los datos cortados por franjas de ingreso. En el primero en general, sin bien el panorama no nos satisface, aparecemos bien posicionados, en el segundo sin embargo nos encontramos entre los peores desempeños.

 

Ejemplos sobran. Algunos de los más notorios refieren a educación (tanto culminación de ciclos como resultados de los aprendizajes), pero también puede sumarse el acceso al empleo o la vivienda entre otros. En cada uno de esos aspectos tenemos desfasajes muy notorios para aquellos que menos tienen, curvas muy pronunciadas donde algunos están muy abajo y otros tantos están bien o muy arriba.

Los Uruguayos hemos sido históricamente orgullosos de conformar una “sociedad de cercanías”, con una ancha clase media y extremos moderados. Sin embargo la fractura social hace mucho tiempo que no nos es ajena. El logro histórico de haber alcanzado una reducción de la pobreza medida por ingresos de más de 30 puntos porcentuales en la última década, es condición necesaria pero no suficiente para dar cuenta de la cuestiones, más complejas, de la justicia e integración social.

Una clave central en este debate es la necesidad de ampliar horizontes de ciudadanía social, es decir, que el acceso a determinados bienes y servicios sobre los cuales se garantiza el ejercicio de derechos que consideramos básicos, no dependa mayoritariamente de factores dependientes de la dinámica del mercado. Y conjuntamente con ello, el desarrollo y ampliación del espacio de la política pública y el Estado social, con capacidad de resolver la provisión, la distribución, la gestión y el acceso a bienes públicos de calidad. Esa vieja (pero vigente) aspiración de las izquierdas de que la suerte de los ciudadanos quede cada vez menos abandonada al libre juego de las fuerzas de mercado y cada vez más se asocie a su condición de ciudadanos y sus necesidades específicas.

Las mejoras en el empleo y los ingresos (de la mano del crecimiento y la diversificación de la producción) deberán encontrar un correlato en la calidad de los bienes públicos que garantizan derechos fundamentales: educación, salud y vivienda fundamentalmente. De lo que seamos capaces de hacer allí depende gran parte de este desafío de construir el Uruguay entre todos.

 

Written by @doscabras

1979, Montevideano, Trabajador Social (UDELAR), Maestría en Políticas Públicas (UCUDAL). Músico y padre x2. Integrante de la Lista 711 del Frente Amplio. Coordinador General del programa Jóvenes en Red.

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