Aunque no considero la juventud como un atributo intrínsecamente bueno, sí creo en el rol fundamental que los y las jóvenes tienen en los cambios sociales. También reconozco los mecanismos que, desde distintos subterfugios, operan como resistencias al cambio y al protagonismo de los jóvenes portadores de esas trasformaciones.

En Uruguay los jóvenes son un bien demográficamente escaso, y en la política particularmente deberían tener el status de “especie protegida”. La sociedad uruguaya no ha sido una buena anfitriona de las generaciones jóvenes, situación que ha incentivado, en muchas ocasiones, a que algunos jóvenes se presenten como “proyectos de buenos adultos” que, como están bajo sospecha, deben acreditar que pueden participar sin acometer ninguna de las “locuras” propias de su “inexperiencia”.

Estoy convencido de que tenemos que trabajar contra esos mecanismos conservadores, que en Uruguay se presentan con tanta fuerza y que de alguna manera explican las carencias en la generación de dinámicas innovadoras que impulsen los cambios necesarios en las organizaciones. Para ello entre otras cosas, son necesarios altos niveles de participación y protagonismo de las generaciones jóvenes.

También estoy convencido de que esa puja no se hace solamente o principalmente en contra de las generaciones mayores, sino en contra del conservadurismo y las resistencias a lo nuevo que habitan en nuestra consciencia colectiva (de la que somos parte las distintas generaciones) y que en nuestro país se han hecho hegemónicas.

Es por esa necesidad de cambio, de emergencia de lo nuevo, que creo que necesitamos poner un joven al frente del Frente. Y hoy 35 años es una edad muy joven para la política uruguaya.

Elijo votar a Pacha no solamente por su juventud. Elijo votarlo porque creo que es la mejor opción para liderar cambios indispensables en el Frente Amplio, potenciándolo como la herramienta política sustancial para continuar haciendo del Uruguay del siglo XXI un país justo, solidario y desarrollado social y económicamente.

Pacha tiene, a mi modo de ver, tres cualidades fundamentales en el contexto de esta elección: (1) un buen diagnóstico de los problemas políticos que atraviesa el Frente, formado en su capacidad de escucha atenta de todas las voces, sin esquivar la reflexión en clave autocrítica; (2) la capacidad de propuesta necesaria para enfrentar esos problemas, a partir de la idea central de abrir “puertas y ventanas” para que se puedan expresar y convocar a las diversas formas de concebir la participación política en la izquierda y; (3) la capacidad de liderazgo con equilibrio para conducir al Frente en su riqueza y complejidad interna que lo hace una fuerza política única en la región y el mundo.

Pero por encima de estas consideraciones creo que, a los frenteamplistas de todos los pelos, nos convoca en esta elección la necesidad de aprovechar una oportunidad única para seguir fortaleciendo nuestro compromiso con la sociedad uruguaya y con su transformación. Y para ello, tendremos que tener la capacidad y la grandeza para continuar haciendo síntesis política desde las singularidades que nos identifican, nos diferencian y nos unen.